Escándalo River-Boca: la opinión de nuestro profesor Walter Vargas

Walter Vargas, escritor y periodista reconocido del Diario Olé y docente UP de la cátedra “Olimpismo y Deportes Federados”, nos brindó su visión sobre los bochornosos sucesos ocurridos el pasado fin de semana, cuando debió disputarse la segunda final de Copa Libertadores entre River y Boca. El análisis del asunto a cargo de un especialista en la materia.

¿Cómo se llegó a vivir una jornada tan triste para nuestro deporte y país? 

Este episodio no fue más que una bomba de tiempo, de larga data, jamás desactivada. Hace muchos años que en el registro de una hipótesis de conflicto permanente el fútbol argentino estaba en óptimas condiciones de escribir una página de esta índole.

¿La sociedad argentina, la cultura futbolera nuestra, está en crisis o enferma?

En efecto. Podría decirse que sí, que hay en la sociedad argentina una cierta dosis de patología y también en el fútbol, lo cual en algún sentido podría tener rango de espejo, pero sólo en algún sentido. La violencia, por ejemplo, las distintas expresiones de la violencia (sea en su vertiente literal, sea en su vertiente simbólica) nos atraviesan de forma horizontal, pero al interior del fútbol se cuecen habas específicas. Los barras, las barras, son una especie de Frankenstein fabricado al interior del fútbol mismo al calor de un espeso cóctel que contiene impericia, debilidad, omisión y, en más de un caso, comisión: los hinchas “caracterizados” devenidos socios de los clubes.

Dicho esto, también considero que asistimos a la entronización de una cultura barrabrava que determina el ideario del hincha presuntamente “bueno”: la descalificación del hincha que simpatiza con una camiseta diferente de la propia, las banderas de la homofobia y la xenofobia, el mundo parcelado en ganadores y perdedores, el malsano predominio de la satisfacción por la derrota ajena incluso por encima de la satisfacción por el triunfo propio, etcétera. Habría que ver cuántos hinchas están éticamente autorizados a reclamar transparencia, nobleza, ética y demás.

¿A quiénes consideras responsables de que ocurra algo así? ¿Cómo viste el accionar de Conmebol y la intervención FIFA con el propio Infantino en el estadio?

Es una película sin buenos: ni la FIFA, ni la Conmebol, ni la dirigencia de River y de Boca, ni los organismos de (in)seguridad son inocentes. Por más que en este caso los agredidos hayan sido los jugadores de Boca y que tampoco sea cuestión de licuar las responsabilidades individuales: no cualquiera es capaz de tirar una baldosa contra las ventanillas de un micro repleto de personas.

¿Infantino? Me sabe un Grondona que tal vez use perfumes más caros de los que usaba Don Julio y beneficiado con el paraguas de su porte de señor culto, su habilidad para hablar más de un idioma y demás. No más que eso.

¿Qué te pareció el accionar y el rol de los medios en todos estos días? 

No hay otro periodismo ni otros medios de comunicación que los que nos han tocado. Salvo honrosas excepciones: verborragia, ligereza, alegre desconocimiento, espontaneidad mal entendida y discernimiento de cocción incompleta. Todo eso, claro, al son de la batucada del divismo crónico: el periodista ufano de su delirante atribución de creerse más trascendente que el hecho mismo.

¿Cómo crees que culminará este asunto sin precedentes?

La Conmebol es un cambalache. Los dirigentes de Boca y de River jugarán sus cartas, Angelici y D’Onofrio defenderán hoy principios que no defendieron en el tristemente episodio de 2015, sobrevolarán otros intereses, otras presiones (por ejemplo, los derechos de televisación) y los encargados de establecer un veredicto, hasta donde se sabe insospechados de formación y aptitud suficientes, navegarán aguas turbulentas y en cualquier caso tendremos la sensación de que la Justicia había llegado tarde, sucia y despeinada.

No imagino castigos que se correspondan con la gravedad de los hechos y mucho menos un cambio positivo. Tendremos, deduzco, algunas gotas de gatopardismo (cambiar algo mínimo para que nada cambie), espasmos de moralidad, caras de circunstancias frente a las cámaras, declaraciones de principios que en realidad nadie estará dispuesto a honrar, satisfacción en los ganadores, ira explícita o soterrada en los perdedores, panelistas viejos o nuevos que echarán luz sobre la verdad de la milanesa, etcétera. En fin, sera más de lo mismo.

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